

LAS MANZANAS
No sólo sidreras, también de mesa. " Cenar una manzana con monda da sueños agradables y cura el histerismo", decía el sabio Padre Feijoo. ¡Que la carapanón, la tartalla, la reineta, la mingán, la garciasol, la chata, la pumarón, la esperiega, la florina o la rosalisa, entre otras que aruman, colorean y doblan nuestras pomaradas, retornen al frutero, al horno, al dulce y a la tarta. Por una de ellas perdimos el Paraíso, pero por todas ellas vivimos en el Paraíso.
LOS PIESCOS.
Melocotones pequeños, feos, manchados, irregulares y deliciosos que nos llegaron del Oriente en tiempos remotos: dícese que deben su nombre a Perseo de Macedonia, rey que mandó plantarlos por todo el Mediterráneo. Los que del Levante hispano saltaron a los valles de los astures terminaron creando una variedad propia y única que en boca o aplicación dulcera literalmente embelesa.
HIGOS MIGUELINOS.Los trae San Miguel Arcángel. Atentos a su breve plenitud. Si se cogen inmaduros, así quedan, mientras que pasados pudren de inmediato. Tres detalles delatan la sazón: cuello de ahorcado, ropa de pobre y ojo de viuda, lo que significa un rabo seco, una piel arrugada o rasgada (aquí el defecto es una virtud) y una gota de látex quita verrugas rezumando en la base. Grandes, carnosos y melosos, ganan en popularidad a los sanxuaninos, de menor tamaño y dulzor.
LAS SETAS.
Los asturianos, desde hace dos o tres décadas, tenemos superado en negro capítulo de nuestra tradicional micofobia.
¡Neñu, non toques eso que ye cagayón de diañu!-nos gritaban cuando veíamos boletus edulis. Ahora, sean níscalos, trompeta de los muertos, senderuelas, pleurotus ostriformes, rebozuelos y el resto de suculencias nacidas al calor del sotobosque y las hojas muertas, seducen a la plancha, la sartén, la cazuela, el revuelto y la guarnición. O en fabada.

que buenas están las manzanas de asturias. um..um
ResponderEliminar